La UD Las Palmas ha logrado una victoria sin lustre pero que reafirma la credibilidad de las aspiraciones amarillas de ascenso. Como señalamos en nuestra previa del partido, los errores propios, las lesiones y las circunstancias de la competición habían elevado el listón de exigencia de un partido que se preveía como de trámite ante un rival prácticamente desahuciado.
Si hay un rasgo inequívoco que se repite a lo largo de la historia del balompié, es aquel que evidencia que los grandes equipos, aquellos que obtienen éxitos, que logran gestas parten desde la solvencia en la portería y una delantera resolutiva. En el caso de la UD Las Palmas la primera condición se da y la segunda también pero con matices.
A estas alturas de la temporada si hay algún jugador candidato al premio de mejor jugador de la temporada es sin duda Mariano Barbosa. Por lo que se cumpliría la primera premisa. El arquero argentino ha logrado desterrar definitivamente aquella imagen de arquero sobresaliente pero irregular que lastraba en su carrera, ha dejado en el olvido el mote jocoso de “Cantosa” con el que se le llamaba en sus tardes menos inspiradas, y se ha mutado en su mejor versión. Ha estado durante toda la temporada, inclusive en el penoso inicio, muy regular, pero lleva ya varias jornadas que está a un nivel excelente, sobresaliente, excelso.

La pregunta que se eleva entonces en todo aficionado amarillo es: ¿Por qué entonces tanto sufrimiento? Entre la defensa y el ataque hay una parcela media, vital, para el control, manejo y desarrollo de todo encuentro, aquella en la que las virtudes de la UD languidecen por carencia de recursos y/o desuso de los pocos que dispone. Es en esta parcela donde se encuentra la tercera premisa y/o variable que es la sala de máquinas desde donde fluye la cinética de todo conjunto. Así, de esta forma arribaba la UD Las Palmas al Estadio Municipal lamiéndose las heridas con antelación por la baja de un Nauzet Alemán que se ha convertido por decisión técnica en el referente creativo de la escuadra amarilla. El Jefe de Máquinas estaba ausente por lesión, y ante la perspectiva de un partido de choque, sudor y mucho músculo la decisión de alinear dos medios centros como Hernán y Javi Castellano es un confirmación que se estaban preparando para una encuentro en las trincheras.
Hay algunas máximas, que por repetitivas, no dejan nunca de tener razón, ni de ser menos certeras o válidas. Y aunque el Xerez es un equipo virtualmente descendido, prácticamente desahuciado, mermado en sus filas por las bajas, no dejan de ser individuos con orgullo, amor propio y vergüenza. Aunque, a día de hoy, la calidad de la plantilla entre azulinos y amarillos no tiene punto de comparación, los primeros con un fútbol rudimentario, de emergencia, de rescate prácticamente, pusieron al conjunto de Lobera contra las cuerdas. Si Barbosa se erige como figura destacada, a la par con Chrisantus, no es por otra cosa que por una serie de intervenciones vitales para los intereses de Las Palmas.
Todos nos dejamos arrastrar por la euforia del resultado, del “se jugó mal, pero los 3 puntos son nuestros”, pero hay carencias que ni los goles de Chrisantus ni las paradas del “Ángel” Barbosa pueden ocultar. Y es justo reconocer, como hemos hecho hasta ahora, la capacidad de trabajo, sacrificio, empeño, empecinamiento casi de esta plantilla de lograr la victoria como hacer hincapié en las parcelas deficitarias que lastra de forma clamorosa. Si la UD llegó a este partido más exigida de lo normal fue por los errores propios cometidos de forma consecutiva en los partidos de casa, partidos ante rivales que enmarañan el encuentro, tejen pegajosas redes defensivas, y también por la incapacidad de la UD de elaborar un fútbol más complejo, mejor armado que sirva para derribar la resistencia del rival.
A continuación el resumen del Plus del partido.
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